Un “cambio educativo” que se sostiene sólo en la meritocracia

Prof. Néstor Carasa
Consejero General de Cultura y Educación
Provincia de Buenos Aires

En 8 meses de gestión la Gobernadora María Eugenia Vidal y su equipo de la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires sólo expresaron apenas dos propuestas. Las cuales -lejos de constituir algún cambio novedoso- están en línea con la restauración conservadora.

La primera medida anunciada y puesta en marcha, hace un par de meses, fue la modificación de la escala de calificaciones en el Nivel Primario, que devolvió la posibilidad de calificar con el “aplazo” a las niñas y los niños (de 8 a 12 años de edad) que no se esforzaron lo suficiente. Y la segunda propuesta educativa, anunciada hace pocos días, fue el “programa abanderados”; que consiste en elegir a 25 estudiantes con mejores promedios, que egresen del Nivel Secundario, para ofrecerles un trabajo en algún organismo del Estado.

A simple vista parece muy poca producción para tantos días de gobierno, pero no es casual ni producto de la pereza, se trata nada más y nada menos que la posición ideológica del gobierno de Vial y de su jefe político Mauricio Macri.

Para el espacio político Unión Pro, la educación no es un derecho sino una mercancía a la que podrán acceder sólo algunos. Este es el sentido, la direccionalidad política y el valor simbólico de las medidas adoptadas: las oportunidades son sólo para los que la merecen. El cambio de paradigma ya está lanzado, la inclusión no es para cualquiera, la igualdad dependerá del esfuerzo personal y el derecho deja de ser universal.

Al presentar el programa en un acto en una escuela secundaria de Pilar el pasado mes (14/07/16), la gobernadora anuncia el “valor” del cambio que en materia de política educativa está proponiendo. En ese contexto, la gobernadora señalo que “… no sólo es importante lo que uno hace, sino también cómo lo hace y los valores que transmite…”; “… Los logros se alcanzan siempre con valor y esfuerzo. Los abanderados dejaron todo para ser los más valiosos y por eso queremos incorporarlos al gobierno…”; y, además,  agregó: “a los abanderados hay que darles un lugar en el Estado, los queremos en nuestro equipo…”

Nada nuevo bajo el duro frío del invierno neoliberal-conservador, sólo un poco más de lo mismo. La “meritocracia” es uno de los valores que dieron sustento al capitalismo, lo acompaña desde su nacimiento, para resaltar el valor del individuo -de lo que es propio y le pertenece- y para justificar  la existencia y el aumento de la desigualdad.

En el credo capitalista esta idea se transforma en una certeza, donde se conjugan dos elementos -que tienen buena prensa-: el talento y la voluntad. Ambos,  presentados como si fueran factores naturales, biológicos, casi como una parte de la herencia genética; siempre despojados de los contextos, de las circunstancias y de las culturas. ¿Tendrá esta concepción positivista alguna relación con el reciente auge de  las neurociencias en el escenario mediático y científico?

Quienes -desde el poder político- adhieren a la meritocracia buscando construir hegemonía en el sentido común para intentar convencer a la masa y a los sujetos que: “las cosas dependen sólo de uno mismo, de la capacidad propia y del esfuerzo personal”, tienen un problema: ¡no podrán convencernos!

La concepción meritocrática desarrollada desde el gobierno en la política educativa, además de profundizar las desigualdades, es contraria a lo sucedido durante estos últimos años en todos los aspectos de nuestras vidas, los derechos adquiridos son colectivos e individuales, con un sentido de inclusión y de universalidad.

Desde ésta concepción, para la Gobernadora Vidal sólo merecen un trabajo o “un lugar en el Estado” aquellos que lleguen a ser abanderados; y para disfrazar la brutalidad selectiva de elegir sólo a los mejores promedios, dice que también elegirán a algunos otros “que se hayan esforzado por mejorar”.

Elegir los 25 mejores promedios de la provincia no parece ser algo complicado, las matemáticas les facilitarán la tarea; ahora, ¿cómo seleccionarán a aquellos que se hayan esforzado más por mejorar?… ¿Cuántos serán?… ¿Serán uno más por región educativa?… ó, ¿serán, directamente, recomendados por alguna fundación?…  ¿Cómo se mide el esfuerzo realizado?… ¿Qué tipo de esfuerzo se medirá?…  ¿Manejará el jurado alguna prueba científica?…

No es malo que los abanderados, los mejores promedios, puedan acceder a un trabajo, lo malo y lo pobre de idea es que quienes conducen el Estado piensen y generen un programa de política pública  para “beneficiar” a tan sólo a 25 estudiantes, a los que se premiaría con la incorporación a la planta estatal. Es muy poco, y además elitista, en relación a tantos derechos adquiridos.

El año pasado egresaron del Nivel Secundario 71.370 estudiantes. Es decir, con esta propuesta, solo unos pocos “abanderados” podrán acceder a un trabajo cuando finalicen sus estudios en el mes de diciembre próximo. ¿Qué hará el gobierno con el “resto”?… ¿Con las/os abanderadas/os que no fueron seleccionados?… ¿Con los que nunca fueron abanderadas/os?…  Y, ¿con los jóvenes estudiantes con discapacidad que egresan del sistema educativo?… Seguramente, nada, porque no se lo merecen, porque no se esforzaron lo suficiente, porque no son los mejores. O, tal vez sí, y los derive al ministro de trabajo de la nación para que pueda ubicarlos en una pasantía en algún Mc Donald.

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